Imágenes con frases para una Madre fallecida que está en el cielo

Las palabras sirven, comúnmente, para construir cosas más que representarlas. Un afecto, un sentimiento toman por asalto los vocablos y los gobiernan. Sin embargo, hay límites, fronteras inexpugnables que no se las supera, nunca. La muerte es una de ellas, un más allá lóbrego, triste, la nada misma y una intriga que se clava como un íntimo puñal. Así de complejas y amargas las cosas, todo se exacerba con la parta de un ser tan querido como una madre. Algo que seguramente no pensamos ni un segundo hasta que el momento acaece. Aquí, con ciertos ápices luctuosos, te mostramos imágenes con frases para una madre fallecida que está en el cielo. Como siempre, te traemos el mejor material ¡No te pierdas el posteo!

Imágenes con frases para una madre fallecida

La vida es dura. Nacemos blandos pero esa consistencia cambia ante los choques constantes, las frustraciones, los dolores. También hay hermosas gratificaciones, claro está, y así vamos compensando, la balanza se empareja de algún modo para que no todo sea insoportable. La pérdida de una madre seguramente debe ser catalogada como una de las situaciones más amargar y luctuosas para una persona. Ese individuo que nos dio la vida, con la que llevamos adelante una simbiosis extrema por nueve meses, se fue.

Cada uno puede tener una lectura piadosa o no al respecto; pero es innegable que en esta ocasión nos enfrentamos a la nada. Algo concreto, un cuerpo, un cúmulo de proyectos, afectos, sentimientos se escapó, no sabemos dónde está y, en rigor de verdad, emplazarlo en un hipotético cielo no cambia tanto las cosas. Pero mamá siempre estará viva, en cada uno de nuestros gestos, remembranzas, pasiones y dolores. Su estandarte lo llevaremos hasta el fin de nuestra vida debido a que quienes han dejado su huella en nuestra existencia así quedan, pegados a nosotros, unidos por siempre, quizás luego de este acaecimiento en forma más fuerte e insoslayable.

Imágenes con frases para una Madre fallecida que está en el cielo

Por eso nuestra madre es la siempre viva ¿Cómo podríamos matarla en el interior? No, porque sería eliminarnos a nosotros también. La cosa siempre se dirime en forma distinta. El duelo es arduo, es un proceso, tiene altibajos, senderos tortuosos; pero nos queda siempre un resabio de felicidad por lo compartido. No se extraña a quien fue indiferente en nuestra vida, quien no sumo ni resto y menos quien generó molestias e incordios. No, se rememora a la persona amada, la que dejó huellas, enseñanzas, experiencias, saberes y mucha felicidad. La madre dio todo por el hijo (generalizando, claro está) y ahora deja la posta, ese testimonio para que sigamos adelante ¿Querría vernos abatidos? Seguramente no, así que no queda otra que continuar, sorteando todos los escollos.

Esto, lo repetimos, es un proceso. Por lo general las grandes amarguras nos son tan gravosas y molestas que las queremos sacudir, sacarlas, extirparlas de nuestro ser. Pero no se puede; es el precio de querer tanto al que se ha ido. Estamos tan llenos con ese individuo, que cada rincón físico y mental lo trae a colación. Vivencias de todo tipo donde sí, fuimos felices con esa persona, imágenes pretéritas que se irán con nosotros. Así que el camino es pedregoso, pero hay que hacerlo. La vida tiene estas cosas y a veces, pese al dolor, es mejor aceptarlas.

Aquí te dejamos, entonces, un buen número de imágenes, 50 en total, para descargar, compartir, dedicar o simplemente vislumbrar en soledad. Cada receptor le da el uso que desee, sobre todo teniendo en cuenta un tópico tan caro y sustantivo.

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