10 Poemas de Pablo Neruda

Si bien nació en Chile, Pablo Neruda realmente pertenece a la humanidad, como todo Nobel de Literatura. Sus obras han llegado, han conmovido e inspirado a innúmeros receptores a lo largo y ancho del planeta. Aquí en una recopilación, que no tiene pretensiones de exhaustividad, presentamos 10 poemas bonitos e inspiradores de Pablo Neruda. 

Los 10 mejores poemas de Pablo Neruda

Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa –limpio de todo mal–.

¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más.

El amor es un sentimiento majestuoso y Pablo Neruda en esta ocasión nos lo hace saber como pocos. Un sentimiento de admiración, de rendición positiva ataca a este ser que no puede contener lo mucho que ama a su amada. Adoración, deidad, amor: el amor, si queremos, logra a veces ser una suerte de religión.

No te quiero sino porque te quiero

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

El amor es contraste y del odio al querer hay solo un paso ¿Entonces amar es odiar en alguna medida? ¿Existe como fundamento o como reserva del amar el odiar y del odiar el amar? Puede ser, de eso que algunos piensen que la ira es amor. Esa divergencia, ese contraste polarización que es el amor, no los hace saber en este poema breve Neruda como ninguno.

Desnuda

Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.
Tienes líneas de luna, caminos de manzana.
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba:
tienes enredaderas y estrellas en el pelo.
Desnuda eres redonda y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

Desnuda es un hermoso poema que devela, en su pureza, y valga la redundancia, la desnudez del amor. Y la figura del cuerpo trabaja a la perfección, porque el amor es terrenal, algo de aquí abajo y por ende sublime, hermoso. Una mujer desnuda, en el amor, es como lo más estimable que se nos puede presentar en la naturaleza.

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Lamento lento

En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.

Algo quiere su leve daño
y su estima infinita y corta,
como el paso de un ser perdido
de pronto oído.

De pronto, de pronto escuchado
y repartido en el corazón
con triste insistencia y aumento
como un sueño frío de otoño.

La espesa rueda de la tierra
su llanta húmeda de olvido
hace rodar, cortando el tiempo
en mitades inaccesibles.

Sus copas duras cubren tu alma
derramada en la tierra fría
con sus pobres chispas azules
volando en la voz de la lluvia.

Los poetas tienen una facilidad, y Neruda no es la excepción, de obtener un ralentizar de la descripción, como en el caso de este poema donde se habla de un corazón triste, sufrido en lo infinitesimal, en esa medida lenta, que recorre y carcome sin lugar a dudas. El amor hace bien, pero el amor también puede dañar, como una gota que horada por su sutileza y con tranquilidad la piedra.

Soneto 45

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,
porque, no sé decírtelo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.
No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

La lejanía de la persona amada para el enamorado es una tortura, un acto de distanciamiento que arruina siluetas, que surca memorias, que evaporiza no sentimientos, pero que los retuerce de locura ¿Por qué te vas? En verdad, Neruda aquí se topa con el ideal de una de las más grandes concepciones de amor: ser uno con el ser amado, perderse en el cuerpo del otro, reconocer completud solo con esa otredad.

12

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

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El amor es un juego de distancias, que muchas veces no son físicas, sino también anímicas o, sin sonar excesivamente etéreos, espirituales ¿No sentimos a veces alejado al amor? Está aquí, al lado mío y, sin embargo, se nos escapa sin cesar: es agua entre nuestras manos. Es que el ser humano es libertad y el amor, naturalmente, no puede seguir más que esos cauces.

Sed de ti

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas.

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de éstas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

Aquí Neruda nos invita a un hermoso juego de pensamiento, al decirnos que el amor es sed, pero justamente el único que puede apagarla ¿No hay esclavitud entonces? ¿No existe una afición irrefrenable cuando quien causa la enfermedad es lo único que la puede sanar? El amor, posiblemente, sea homeopático, pero de una homeopatía a la inversa: necesitamos cada vez más grandes dosis para combatir al amor y en el combate al amor solo hay más amor.

Amor mío, si muero y tú no mueres

Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.

Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.

Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,

y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.

Este poema es un grito a la inmanencia, a la finitud que es el ser humano; pero tal vez no el amor. El amor aunque mueran los amantes perdurará en otras tierras y tal vez en otros labios ¿Y la belleza? ¿Y lo faltante? No hay faltante y justamente esa es su belleza: que la vida es breve, tan breve y el universo tan infinito, que el amor entre una pareja no puede más que ser un milagro.

Me gusta cuando callas

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

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Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

La distancia y el amor muchas veces no van de la mano o por lo menos cuestan ser pensados de esa manera ¿Pero no quitamos espontaneidad de esa manera? El otro, amado, es un otro en todo su esplendor y justamente su belleza puede radicar en su lejanía, en su silencio, en su callar o sonreír con austeridad.

Cuerpo de mujer, colinas blancas

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Neruda utiliza un recurso sumamente delicioso en este poema (como en otros) de hacer inmanente a la mujer amada, terrenal, en el sentido de comparar su cuerpo a la naturaleza o sus accidentes. La figura del labriego y la tierra, el principio masculino y femenino, también se puede percibir en este poema. Esta pequeña obra, sin embargo, termina a flor de piel, ya que el amor es ansia, fatiga, superación de límite e incluso dolor: el amor, en verdad, no es cosa de holgazanes porque siempre nos mantiene despiertos.

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